COMPROMETIDOS CON VENEZUELA

access_time Septiembre 6, 2018

La Fundación Metroacero de Venezuela y la Unexpo impulsan la ciencia en Lara

LABOR SOCIAL

La Escuela de Profesionalización y Becas Dr. Humberto Fernández Morán completó la I Cohorte del Diplomado de Soldadura y ha comenzado la captación de jóvenes para los programas de Electricidad Básica y Química Cosmética

Fue una gran idea con intención solidaria que se hizo realidad; una apuesta a las generaciones de relevo que ya empieza a brindar frutos.
En septiembre de 2017, con un panorama laboral fuertemente menguado debido a la migración de profesionales y técnicos, y en conocimiento de las dificultades que en materia educativa existían en el país, el presidente de la Fundación Metroacero de Venezuela Alejandro Márquez propuso desarrollar un nuevo proyecto social, esta vez de corte educativo, que permitiera formar en oficios con garantizada demanda laboral a estudiantes de bachillerato habitantes de la zona rural del municipio Palavecino, estado Lara en Venezuela.
El proyecto era crear una escuela de oficios que permitiera, en principio, enseñar alguna labor a estudiantes de los últimos años de bachillerato, pero encaminándolos hacia los estudios universitarios. El objetivo global fue cambiando y su alcance se extendió posteriormente.
Las acciones para concretar el proyecto comenzaron de inmediato. El equipo diseñó un proyecto que se basaba en ofrecer a jóvenes de escasos recursos económicos la posibilidad de capacitarse en diversas áreas técnicas, incentivando a su vez los estudios formales y garantizando, mediante la constante supervisión, el sano desarrollo social de los beneficiarios. En octubre comenzó la campaña de promoción por redes sociales.
 

Tropiezos que nutren

Para poner en marcha el programa, la Fundación Metroacero solicitó el apoyo de la coordinación municipal del Ministerio de Educación, a la cual se le pedía servir de enlace entre la comunidad estudiantil y la organización benéfica, lo que nos permitiría lograr la captación de jóvenes. Los funcionarios de Estado, reunidos con el personal de la Fundación, conocieron el proyecto, pero manifestaron no estar de acuerdo con la idea de que fuesen los jóvenes con mejor promedio o aquellos destacados en alguna área cultural, deportiva o social, los principales beneficiarios de este programa. Lo consideraron “excluyente” y negaron la posibilidad de que desde las instituciones educativas se promocionara esta idea.
Fue un duro golpe al principio del proyecto, pero las gestiones continuaron, esta vez mediante contactos con las comunidades para la captación de estudiantes, y utilizando las redes sociales y medios de comunicación para difundir los avances y requisitos para las postulaciones.
Una vez iniciado el proceso de postulaciones crecía el número de interesados. Pero ante la ausencia de un organismo y docentes que avalaran y dictaran los cursos, el proceso formativo que debía ser de gran calidad, comenzaba a preocupar. Más adelante llegarían las piezas que completarían el engranaje perfecto.
 

Nuevas amistades

En enero de 2018 Alejandro Márquez le comentó detalles del nuevo proyecto de la Fundación Metroacero de Venezuela a César Jiménez, un joven estudiante de la Universidad Nacional Experimental Politécnica Antonio José de Sucre que estaba próximo a graduarse de ingeniero y además pertenecía a Unexpo Activa, centro de estudiantes de esa casa de estudios.
A Jiménez le pareció interesante la propuesta de la Fundación Metroacero y la comentó días después a sus compañeros del centro de estudiantes. Luego  se concretó una reunión en Metroacero de Venezuela, CA, empresa privada fabricante de tubos, mallas, láminas y varillas de acero, y brazo financiero de la organización con fines benéficos. De esta reunión, además del evidente interés de todas las partes, resultó el compromiso de consolidar un encuentro con las autoridades de la universidad.
El encuentro se concretó en febrero. El presidente de la Fundación Metroacero de Venezuela y gerente general de Metroacero de Venezuela, CA, Alejandro Márquez; la gerente de Control y Sistemas Tatiana Oviedo; el gerente de Producción Pausides Querales; el gerente de Mantenimiento; y Joanly Paiva, coordinadora general de la Fundación Metroacero visitaron la Unexpo. En la reunión estuvieron representantes de Unexpo Activa, docentes y coordinadores de distintas dependencias de la universidad y la vicerectora Académica Fraisa Codecido.
 

La universidad nos hizo crecer

Cada uno de los representantes de la  universidad presentes en ese encuentro se manifestaron agradados con el proyecto. Para la casa de estudios era la oportunidad ideal de llevar la educación de calidad a las comunidades; para la fundación se trataba de la promesa cumplida de brindar verdaderas herramientas a los jóvenes que les permitirían avanzar por sus propios medios.
Las cartas estaban sobre la mesa. La empresa privada había manifestado su intención de casarse con la universidad con el firme propósito de dar nuevas oportunidades a los jóvenes de Palavecino. Solo restaba esperar la aprobación del Consejo Académico de la Unexpo.
Un mes después, en marzo, 23 estudiantes se habían postulado para el primer curso propuesto: Soldadura básica. Para esos días Metroacero se vistió de gala para recibir a la universidad y a los jóvenes que se postularon. Miembros del vicerectorado académico de la Unexpo, docentes y estudiantes acompañaron a los trabajadores de la Fundación Metroacero a hacer labor social, entregaron desayunos a estudiantes de la Escuela Básica Juan de Dios Ponte a través del programa Arepitas con corazón, visitaron a la familia beneficiaria de la primera Metrocasa y compartieron meriendas de frutas con los abuelos de Fungevis a través del programa Años Dorados.
Ya en Metroacero todos recibieron la bendición de un diácono. Este era el primer paso formal hacia la creación definitiva del programa educativo de la Fundación Metroacero de Venezuela, el cual ya tenía homónimo: el doctor Humberto Fernández Morán.
Una clase motivacional de parte de los universitarios cursantes de Servicio Comunitario y un recorrido por las instalaciones de Metroacero de Venezuela elevaron los ánimos de los jóvenes palavecinenses, quienes días después comenzarían el programa educativo.
El equipo de docentes que dictarían el programa educativo quedó integrado por por magisters y doctores del Decanato de Posgrado de la Unexpo. El programa ensamblado de Soldadura Básica pasó de curso a diplomado. La escuela de oficios se transformó en Escuela de Profesionalización y Becas Dr. Humberto Fernández Morán.

I Cohorte

A finales de abril comenzó la I Cohorte del Diplomado en Soldadura Básica. Los seleccionados finalmente fueron 21 muchachos habitantes de la zona rural de Palavecino, quienes asistían a clases de lunes a viernes de 2:00 a 5:00 de la tarde en el salón de conferencias de la Fundación Metroacero, ubicado en la mezzanina del edificio administrativo de Metroacero de Venezuela.
La relación con estos 21 muchachos fue para todos de aprendizaje desde el principio. Cada uno de los nueve profesores que dio clases a este grupo contó que la experiencia fue a toda vista enriquecedora, “nosotros normalmente damos clase a personas que están en otro nivel, en otra onda, y estos muchachos tienen una manera particular de aprender, aprenden entre el ruido y a pesar de las distracciones”, contó Fraisa Codecido, vicerectora académica de la Unexpo, quien dictaba el módulo de Matemáticas.
 

Anécdotas

Entre el grupo de estudiantes que integraron la I Cohorte del Diplomado de Soldadura Básica habían jóvenes que cursaban 5°año de bachillerato y que en los últimos dos años no habían visto clases de matemáticas, ello significó la necesidad de que los profesores profundizaran en esta área y complementaran los conocimientos básicos de los jóvenes.
Hubo casos particulares como el de uno de los jóvenes que pese a que en el liceo no tenía profesor de matemáticas, su padre en casa le daba clases de esa materia.
En la I Cohorte del Diplomado de Soldadura habían muchachos que vivían o estudiaban a 10 kilómetros de la sede de Metroacero, y hacían a diario el recorrido a pie bajo el inclemente sol característico de los mediodias en Palavecino. Los esfuerzos de estos jóvenes fueron muchos y de diferentes tipos para completar el programa de formación.
Durante los tres meses de duración del diplomado, cinco jóvenes abandonaron el programa, tres de ellos lo hicieron para emigrar a otros países y otros dos porque necesitaban trabajar para aportar económicamente en sus hogares.
Venezuela pasa por una situación migratoria grave, a diario miles de venezolanos cruzan la frontera hacia Brasil o Colombia, muchos de ellos a pie, en buscar de oportunidades económicas o en un sueño de mejores condiciones de vida.
Para evitar la deserción, la Fundación Metroacero de Venezuela además becó a los estudiantes considerando la asistencia y calificaciones, además otorgó combos alimenticios a cada uno de los estudiantes para garantizar una mejor alimentación.
 

Meta alcanzada

El Diplomado de Soldadura Básica culminó luego de 12 semanas, las últimas tres de prácticas en los talleres de soldadura de la Unexpo,  unas instalaciones espectacularmente dotadas desde su creación en la década de 1960 por la Unesco. Los jóvenes pusieron en práctica todos los conocimientos adquiridos desde el primer día de clases.
El pasado viernes 10 de agosto fue celebrado el acto de entrega de diplomas a los 16 estudiantes que cursaron y aprobaron la I Cohorte del Diplomado de Soldadura Básica.  Fue un evento lleno de emotividad y entusiasmo al que asistieron además de los familiares de los muchachos, los profesores, el personal de Metroacero y de la Fundación Metroacero, los miembros de Unexpo Activa, y empresarios de Lara.
En su discurso, la rectora de la Unexpo Rita Añez destacó como esperanzadora la unión empresa-universidad-comunidad, lograda a través de este programa de la Fundación Metroacero de Venezuela, pues a su parecer pone de manifiesto el crecimiento y desarrollo producto de la sinergia, aspectos tan requeridos en la actualidad en el país.
En un dominio de escena perfecto y con una desenvoltura también desarrollada durante el diplomado, Brian Salcedo, el estudiante que obtuvo el mejor promedio académico (18,66 de 20 posibles), fue el encargado de agradecer tanto a la Fundación Metroacero como a la universidad la oportunidad de estudio.
Los dos mejores estudiantes fueron becados por la Fundación Metroacero con una ayuda económica destinada a cubrir gastos de estudio, en el caso de Salcedo una vez ingrese a la universidad, pues recientemente culminó el bachillerato, y en el caso de segundo mejor promedio, Gabriel Rodríguez, durante el curso de 5° año de bachillerato, el cual comienza en septiembre.

Vamos por más

Ya están preparados los dos nuevos diplomados, que serán dictados de forma paralela a partir de septiembre: Electricidad Básica y Química Cosmética. Incluso antes de ofertarlos ya habían jóvenes interesados en incorporarse al proceso de formación, y cuyos mensajes los han hecho llegar a través de las redes sociales de la Fundación Metroacero, por correo electrónico e incluso mediante cartas entregadas en nuestra sede.
La demanda es mucha, lo cual habla de una sociedad ávida de conocimiento y oportunidades, que pese a que el país atraviesa una cruda situación económica, social y política, la juventud no se deja vencer, por el contrario muestra disposición de hechar hacia adelante este país que tanta pasión y empeño amerita y merece, y para apoyarlos estamos unidos nosotros Fundación Metroacero de Venezuela y Universidad Nacional Experimental Politécnica Antonio José de Sucre a través de la Escuela de Profesionalización y Becas Dr. Humberto Fernández Morán.
Sería un sueño fantástico pensar en que otras empresas repitan este proyecto o se unan al nuestro, pero como nuestra experiencia nos dice que los sueños se cumplen, entonces decimos que ¡se vale soñar!